viernes, 21 de agosto de 2009

Las viudas de los jueves - Página 24

Capítulo 17

Eran las once de la mañana y Carmen seguía en la cama. No juntaba fuerzas para levantarse. Se había dormido con las imágenes del noticiero que mostraba el avión que no podía levantar vuelo, correteaba por la costanera y se estrellaba contra el driving de la Asociación de Golf. El mismo driving donde juega Alfredo todos los viernes, había pensado. Cerca de cien muertos, le pareció escuchar. Terminó durmiéndose, pero la perspectiva de enfrentar esa mañana se le venía encima con todo su peso. La mucama, otra, la que la servía en ese momento, golpeó en el marco de la puerta y desde el pasillo dijo: "¿Le traigo el desayuno, señora?", por tercera vez en lo que iba de la mañana. Carmen se dio por vencida, se levantó y se fue a bañar. "Alcánzame una copa de Rutini al baño." Otra vez estaba intentado dejar el cigarrillo, y en lugar de comer más, como le pasó cuando lo dejó por primera vez, no podía levantarse sin tomar un vaso de vino. Menos esa mañana. Abrió la ducha y se metió bajo el agua caliente. Las primeras gotas le dolieron sobre el cuerpo. Por la ventana se veía el jardín, el sol ya había derretido la escarcha de la mañana. Pensó a qué dedicaría el resto del día. No se le ocurrió nada demasiado atractivo. Lo único que había aprendido a hacer en sus años en La Cascada era jugar al burako, antes no sabía, y le encantó hacerlo, pero desde hacía un tiempo ese juego ya no la divertía. No le interesaba más armar escaleras. Como el tejido para otras mujeres, colocar las fichas sobre la mesa le sonaba a engaño, la inutilidad disfrazada de otra cosa por tener las manos ocupadas. Durante años fue postergando distintas actividades, convenciéndose de que las haría cuando sus hijos fueran todo el día al colegio. Creía que entonces se tomaría revancha y tendría la oportunidad de llevar a cabo sus propios proyectos. Pero los mellizos estaban a punto de terminar el secundario y todavía Carmen no terminaba de definir qué proyecto encarar primero. Le gustaba la decoración de interiores, pero los cursos que se daban en institutos terciarios a Alfredo le parecían "de poco vuelo, tirar la plata". Le gustaba dibujar y pintar. Tal vez fuera el momento de anotarse en las clases de pintura de Liliana Richard. O tal vez fuera mejor dejarlo para dentro de unos meses. No estaba segura. También le gustaba psicología. Nunca se había analizado, pero le había empezado a interesar el tema después de charlar en un par de sesiones con una psicóloga cuando la vaciaron. Histerectomía total, había dicho el médico, y ella nunca había escuchado esas palabras, pero sabía de qué le estaban hablando. Desde la operación no había vuelto a ayudar en el comedor de Santa María de los Tigrecitos. "Anda, te va a hacer bien", decía Alfredo. Pero ella no volvió. Le hubiera gustado ser psicóloga. O estudiar Counseling, una carrera más corta, como Sandra Levinas. Eso a Alfredo le parecería bien. A su marido le caía bien Sandra Levinas, decía que era "mona". Pero para cualquiera de las opciones, antes tenía que rendir las materias que le habían quedado del secundario, y como nadie sabía que no lo había terminado, ni siquiera Alfredo, era muy difícil hacerlo sin levantar sospechas.

A las doce bajó al jardín. Puso una reposera frente al sol, y se tiró a leer la revista de decoración que le llegaba todos los meses. A las doce y media apareció la mucama y preguntó: "¿La señora qué va a almorzar?". Carmen pidió una ensalada de lechuga y berro. "Traémela acá", le gritó cuando la mujer ya casi entraba en la casa. La mucama volvió a los diez minutos con la bandeja. Llevaba una ensaladera de tamaño mediano con las verduras elegidas condimentadas con oliva y aceto balsámico, "como le gusta a la señora", los cubiertos, una servilleta de tela, una copa, una jarra de agua, y un plato con un churrasco "por si le viene ganas". Carmen le devolvió el churrasco; le pareció impertinente que se metiera con su alimentación, ella no era Gabina, ella apenas la conocía. "Traeme el Rutini que tomé esta mañana, la botella", dijo con un tono severo y la empleada se fue con el churrasco y volvió con el vino sin más objeciones.

Después de almorzar se quedó dormida al sol. Soñó. Pesado, dulce, caliente como el sol que la iba sedando. Un sueño que la atrapaba y no la dejaba volver a la superficie. Soñaba rojo. Pero sin imágenes, sin historia. La despertó la mucama con el teléfono. "La llama la señora Teresa Scaglia", dijo. A un costado de la reposera, la copa estaba caída y los restos de vino habían manchado la revista. Carmen atendió. La invitaba a un seminario de Feng Shui que daban en una hora en el colegio de sus hijos "a beneficio de un hogar de chicos carenciados, ¿no te enteraste?". Carmen preguntó si era para el comedor de "Los Trigrecitos". "No, otros pobres, no los nuestros." A Teresa le sobraba una entrada. La convenció: "A vos te encanta la decoración, y te digo que las entradas me salieron cien mangos cada una, así que más allá de la beneficencia debe ser algo de nivel".

Carmen se cambió. Mientras lo hacía, intentó comunicarse con Alfredo. Estaba en una reunión, no la pudo atender. Siempre, cerca del mediodía, Alfredo decía estar en reuniones y apagaba su celular. No había encontrado más pistas en los resúmenes de la tarjeta, pero no hacía falta, cada vez era más evidente que Alfredo la engañaba con alguien, y que no le importaba que ella supiera. A lo mejor hasta quería que supiera, pensó. Pero qué quería que hiciera, no iba a ser ella quien blanqueara la situación. Insistió con el teléfono, necesitaba que le trajera una chequera nueva, se había quedado sin cheques. La secretaria tampoco estaba. "Deben estar en un telo", pensó mientras se maquillaba frente al espejo.

A las tres de la tarde Teresa Scaglia tocó la bocina de su cuatro por cuatro. Carmen salió. "Vienen Lala, y Nane Pérez Ayerra también", le dijo entusiasmada cuando se subía a la camioneta. A Carmen le sorprendió que a Nane le gustara ese tipo de actividades, era muy deportista, se la pasaba jugando al tenis o en el gimnasio. "No, no tiene ni idea de qué se trata, pero está con un tirón en la pierna que la tiene parada y se prendió."

El auditorio del Lakelands School estaba repleto. Carmen contó, sólo tres hombres entre el público. El resto, todas mujeres. Los aromas de los perfumes importados se mezclaban en el aire y sintió un sopor parecido al de su siesta. Pero no era dulce, ni rojo. El orador entró al escenario rodeado de aplausos. Carmen también aplaudió. No tenía rasgos orientales, seguramente no era chino. Se definió como "un maestro de Feng Shui de Palo Alto, California", según la traducción simultánea que recibió Carmen en su oído derecho. Miró a su alrededor y notó que muy pocas mujeres tenían puesto el audífono, ni siquiera Teresa, que apenas si sabía algo de inglés gracias a sus viajes a Miami. "Lo que voy a enseñarles no es el Feng Shui tradicional como se conoce en Oriente, sino un Feng Shui occidentalizado", dijo, e hizo una pausa, casi un suspenso de final de bloque de programa de televisión antes del siguiente comentario: "No me atrevería a transformar las maravillosas casas que he visto por la zona, en pagodas". El auditorio rió, halagado. "Tomemos del Feng Shui lo que nos sirve, y dejemos el resto para los otros." Carmen se colgó de la palabra "otros" y se perdió la siguiente frase. Pensó si los otros serían los chinos, o los que no estaban allí escuchando al maestro, o su padre, que desde que su madre lo había dejado había vivido solo en un departamento de un ambiente en Caballito que mantenía Alfredo, y que ahora descansaba en la parcela del Memorial comprada por Alfredo. Los otros también podrían ser la secretaria de su marido, en su versión "la otra". O su madre, con la que no hablaba desde el entierro de su padre y a la que consideraba más muerta aún que a él. Las mujeres que participaban de los torneos de burako que ella organizaba en otra época con Lala o Teresa no eran "los otros", porque estaban allí, y la saludaban. "Otros" que nunca fueron definidos, o que tal vez se perdieron en la traducción simultánea. Pero que no eran ellos.

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