El inicio de esta historia es:
La perra <=Clic
Hacía tiempo que salíamos, así que propuse convivir en pareja y nos fuimos a mi casa.
Como a la semana dijo que la perra perdía pelo y ensuciaba las cobijas.
Ella la había autorizado a dormir a los pies de la cama un día de frío, pero debí reconocer que algo de razón tenía.
Aclaro que "Ella" tiene nombre y apellido, aunque no lo menciono por discreción. A la perra sí porque no va a leer esto, y su nombre era "
Negra", tal como relato el encuentro
ACÁ. <=Clic
Retomo y sigo: Puse un cartón de unos 25 cm de alto en la puerta y me acosté alerta. Cuando vino detrás -y justo en el momento que lo saltaba- dije: "¡No! Fuera".
Al instante saltó nuevamente hacia afuera y se quedó mirándome desde atrás de la valla. Agregué: "¡Muy bien, muy bien! Fuera".
Pero "Ella" no quedó conforme y, a los pocos días, se quejó porque para entrar a la pieza había que
levantar la pata.
Nuevamente reconocí que que algo de razón tenía.
Quité la valla de cartón y la Negra permaneció fuera de la habitación. Aproveché para decirle: "¡Muy bien, muy bien! Fuera".

A los pocos días, "Ella" volvió a quejarse porque había pelos en la cocina y la perrita hacía sus necesidades en el patio. Quería que la abandonara por ahí; entonces preparé el mate para amenizar la charla y este -
masomeno- fué el diálogo:
ELLA: Llevala por ahí, bastante lejos y que se arregle. Acá es un
incordio.
YO: La rescaté de esa situación y censuro a quienes abandonan una mascota. ¿Como podría imitarlos?
ELLA: ¡Dejate de joder. Es un perro!
YO: La perra estaba
desde antes, sin embargo nunca se quejó.
ELLA: ¡Porqué no puede!
YO: Puede. De hecho te aceptó y brindó su afecto desde el primer día. Lo podía haber mezquinado y ningunearte.
ELLA: ¡Dejate de joder! ¿Vas a defender a la perra o a mí?
YO: Pretendo defender lo justo y equitativo.
ELLA: ¡Basta:
La perra o yo!
YO: Así planteado no me dejás salida.
ELLA: Repito; la perra o yo.
YO: No me obligues a tomar una decisión. Podría darte una respuesta
que no sea de tu agrado.
ELLA: No podés elegir a la perra, yo soy
más importante.

YO: ¿Más importante?
ELLA:
Decidite, la perra o yo.
YO: Insisto en que no me obligues a tomar una decisión. Pensá (y pensalo profundamente), que podría darte una
respuesta desagradable.
ELLA: Bueno, acabala, la perra o yo.
YO: La perra.
ELLA: ¿Y que vamos a hacer con la perra?
YO: No vamos a hacer.
Voy a hacer. La perra se queda.
ELLA: ¿Y yo?
YO: Tenés dos opciones: Aprendés a convivir con la perra y conmigo o te vás.
ELLA: Con la perra no quiero saber nada, y si no me defendés, con vos tampoco.
YO: Entonces tenés una sola salida. Irte.
(Ya la discusión se ponía tensa).
ELLA: ¡Yo, de acá, no me voy!
YO: Nuevamente tenés dos opciones: O te vas
como una señorita francesa por las buenas, o por las malas te saco a patadas en el culo.
ELLA: No me voy a ninguna parte. Ni lo sueñes.
YO: Podés tomar tus cosas, subir al auto del lado del acompañante y te llevo donde digas o...
ELLA: ¿
O qué...?
YO: ...te quiebro por la mitad, te meto en el baul del coche y te tiro en un descampado.
ELLA: ¿Me estás amenazando?
YO: No es una amenaza, es el
aviso de lo que va a ocurir.
ELLA: ¡No te atreverías!
YO: (Levantándome de la silla). ¿Querés probar?
······················
ELLA: ¿Me llevás a la casa de mi vieja?
YO: Como no.
ELLA: ¿Puedo juntar mis cosas?
YO: (Sentándome) Obvio.
ELLA: ¿Lo dejamos para mañana o pasado?
YO: Ya nó. Llegamos muy lejos. No hay marcha atrás.
······················
PD: Todos los comentarios son bienvenidos. Incluso los que versen sobre "violencia de género".