lunes, 1 de abril de 2013

El revólver - Opción 2

Aminoré la marcha y a baja velocidad miré en ambas direcciones y crucé en rojo, lamentando no haber respetado la opinión de Martín. Ni bien cruzamos, dijo:
- ¿Viste a los tipos atrás del árbol?
- No.
- No se trata de “portación de cara”, sino de su actitud. Escondidos a la sombra y a esta hora no será para nada bueno, pensé que los habías visto y por eso cruzaste en rojo.
- No los vi, porque para cruzar en rojo tomo las precauciones que corresponden, Martín. Una cosa es violar un semáforo y otra estrellarse contra uno que cruce, como un boludo.
- ¡Que lo parió!
- ¿Qué pasa?
- Me acabo de dar cuenta que si yo hubiera estado manejando hubiera parado atento al semáforo, pero no hubiera mirado en la vereda atrás del árbol, y lo pude hacer porque estoy de acompañante.
- ¿Te parecieron sospechosos?
- Más que sospechosos, te diría que con el 90% de posibilidades que si parábamos nos asaltaban.
- ¿Qué hacemos?
- ¿Qué hacemos?, ¡respirar aliviados que nos salvamos!
- ¿Y si alguno para?
- ¡Que se yo, no es cosa mía!
- Sí que es cosa tuya, Martín, recién dijiste que si fueras vos el que manejabas hubieras respetado el semáforo. El que para es un Martín, o sea uno igual que vos.

Mientras hablábamos, había tomado por la lateral y al llegar a la esquina tomé por la paralela, hasta salir nuevamente, tres cuadras antes de la esquina peligrosa a la calle inicial.
- ¿Qué hacés, boludo?, te estás metiendo otra vez en la boca del lobo.
- Tranquilo Martín, quiero mirar y que mires bien todos los detalles que se puedan.
- ¡¡Estás loco, estás loco!! Dejate de joder y no pasemos de nuevo.
- Abrí bien los ojos, Martín, aprovechá que no tenés que estar atento al camino y grabate todos los detalles: vestimenta, actitud y el nombre de la calle que cruza, que tenés mejor memoria que yo.
- ¡La puta que te parió!... ¡¡Estás loco, estás loco!!

Llegamos a la esquina y repetí el cruce en rojo, pero también miré hacia donde Martín había dicho. Alcancé a distinguir a uno con ropa oscura y gorrita de visera roja.
- ¡Ya está, ¿te diste el gusto?! Estoy cagado en las patas…
- También tengo miedo, Martín, pero no perdamos la calma.

Mientras tanto ya tenía el teléfono móvil con el 911 marcado, y solo oprimí “send”.
(Aclaro para los lectores que, en Argentina y otros países, el 911 es el teléfono de Emergencias).
- Emergencias policiales –dijo una voz femenina- ¿Cuál es su emergencia?
- No es una emergencia, pero en la esquina de Venezuela y Marconi hay tres individuos sospechosos.
- ¿De que localidad me habla? ¿Me puede dar su nombre, señor?
- Disculpe, Venezuela y Marconi en Quilmes. Mi nombre es Esteban Kito, kito con K.
- ¿Cuál es la emergencia?
- Aparentemente hay tres individuos esperando que un automovilista se detenga en el semáforo para asaltarlo. ¿Puede mandar un patrullero a verificar?
- Corto con usted y envío su pedido, señor.
- Gracias y buenas noches.

Opciones:

1)=> No aparece patrullero ni móvil policial alguno.

2)=> Llegan varios patrulleros con las balizas prendidas.